
Es la fricción que más se repite, y por un margen amplio. La tecnología llega, el proyecto se entrega, la herramienta funciona… Y aun así nada cambia, se producen los mismos resultados e incluso incrementa la fricción. Algo interno impide que se logren los resultados esperados.
En ocasiones son los mandos medios, los guardianes de los procesos, los que generan la fricción. Estos pretenden que el método se ejecute “by-the-book” en vez de dar espacio a la adaptación o la experimentación y aportar flexibilidad.
Otras, la falta de un “reskilling” adecuado —enseñar a las personas a trabajar distinto— se sigue tratando como un anexo del proyecto, en lugar de cómo el proyecto mismo. Preparar a las personas para el proceso en vez de para el resultado.
El foco se pone en lograr resultados, en acelerar antes de aprender a caminar. Esperar resultados y productividad en vez de preparar al sistema.
La sobrecarga de trabajo o la operación diaria impiden además que los equipos operativos dediquen tiempo y esfuerzo a “lo nuevo”. Que la operación se mantenga mientras se quiere aprender. Que los resultados mejoren antes incluso de conocer cómo hacerlo de forma diferente.
Finalmente, el miedo al cambio. A un nuevo Status-Quo. La amenaza de una nueva forma donde la persona puede perder parte de su seguridad psicológica.


















